Itinerario catecumenal para niños

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libro aparisiEn 1992 salió a la luz un libro de catequesis para niños publicado por el P. Antonio Aparisi; un escolapio pionero en la pastoral de procesos. Hemos escaneado parte del libro para ponerlo al servicio de los catequistas como un material de referencia en la pastoral de Infancia. Esta propuesta no se reduce a los sacramentos de Iniciación; sino que los incluye dentro del proceso. Han pasado ya 21 años y quizá el lenguaje, las imágenes  los estilos queden un poco atrás. Cualquier material pastoral, por muy bueno que sea, lo debe adaptar y actualizar cada catequista.

Les transcribo de modo íntegro el Prólogo que el mismo autor ha redactado. En él se resume el sentido de esta propuesta pastoral. Al final, tienen enlaces para descarga del material.

Para bastantes niños, los menos sin embargo, la catequesis es una experiencia interior gozosa y un encuentro comunitario jubiloso. Y en este sentido es puerta de acceso a una sana vida creyente. Para otros, probablemente la mayoría, las catequesis son sesiones impuestas, que no suscitan verdadera pertenencia personal y que con mucha dificultad salvan el tono aburrido, superficial y de escasos valores. Tal actividad infantil viene a ser quizá la puerta de salida definitiva para perderse en una triste indiferencia religiosa y eclesial. ¿Cómo no sufrir y dolemos de esta segunda perspectiva que mucho nos tememos es la más generalizada?

Vamos a buscar aquí algún camino más justo y acertado para pensar y hacer las cosas bien en un tema tan delicado como es el de la invitación a la fe durante la niñez.

Esta «Pastoral de infancia e itinerario catecumenal de niños» es un grito, desde el seno de la Iglesia, en favor de los pequeños. Un grito también a esta Iglesia, a todos (familias, catequistas, pastores), pidiendo ayuda para que se trate dignamente el misterio cristiano de los más chicos, que no por serlo van detrás, ni valen menos, ni son menores.

La obra consta de dos partes bastante diferenciadas pero estrechamente unidas. Tanto que las dos resultan ser complemento imprescindible para entender y creer lo que se dice. En realidad, forman un todo; se fecundan entre sí como el pensamiento a la acción y la acción al pensamiento.

La primera parte recoge mi pensamiento eclesial sobre la infancia y su vida de fe; un pensamiento que se me dio y se fue labrando, después, muy poco a poco y con ternura siempre, a lo largo de ya muchos años. Comprendo que es una reflexión ambiciosa, que en algunos momentos puede parecer utópica… Quede claro que permanece abierta, y que por tanto, para mí ahora es irrenunciable.

La segunda expresará sustancialmente el testimonio de un proceso catecumenal y una práctica pastoral de infancia; llevada a cabo, en condiciones eclesiales muy buenas y con inmenso cariño y sensibilidad educativa, por catequistas y educadores miembros de una iglesia local de signo fraterno y humilde.

Dedico el libro a quienes aman de verdad a los niños, y lo hacen con la libertad suficiente. Recordemos que, con harta frecuencia, el amor y la ley se contraponen. Si se usa esta obra para resolver o mejorar la marcha de la catequesis de primera Comunión, por ejemplo, sin la libertad de acción y el compromiso prioritario del amor; entonces es posible que se le saque algún rendimiento, pero es seguro que no se habrá entendido el alcance que puede tener.

Veamos si me explico: En la Iglesia solemos estar ansiosos por realizar todo aquello que viene establecido por nuestro sistema de funcionamiento religioso (Misas dominicales, catequesis, etc.); y, sin duda, por hacerlo con alguna dignidad. Sin embargo, escasea mucho el planteamiento que parte sólo de la existencia de una persona, a la que se ama, y de la voluntad de atenderla y servirla haciendo ante todo y precisamente lo que ella requiere con apremio, encaje o no en el sistema previsto de funcionamiento. Sin otra ayuda que la del evangelio desnudo.

Las reflexiones de principio y los guiones de acción que ofrecemos después, se sitúan, desde luego, en esta línea de referencia absoluta a la persona en el amor y la libertad.

Lo aclaro. Si lo que un niño espera y desea es que le entusiasmemos contándole un cuento, pues se lo contamos y en paz. (Aunque en esa hora de su vida no hagamos otra cosa. Conscientes, eso sí, de que con el cuento va la fuerza necesaria de una fantasía sana, del sosiego del alma, y de la proyección de la propia vida que se sueña, muy cerca ya de los valores del Reino. ¿O no eran esto las parábolas de Jesús?)

Si lo que le urge es contemplar y gozar de una iglesia-comunidad y de una liturgia feliz, pues habrá que comenzar por hacer esto y no otra cosa (por muy poco que interese a quienes nos encomendaron escuetamente hacer una buena y nutrida catequesis).

Y si lo que un pequeño ansia en el fondo de su alma, por encima de todo, es aprender a llamar a Dios ” Padre”. “Abbá”, “papá”, pues esto es lo que nosotros pediremos con humidad al Señor para la catequesis, olvidándonos, de momento, de más aprendizajes

Con estas páginas yo espero también aportar algo nuevo al movimiento catequético español, en el que milito desde finales de los años sesenta.

¡Cuántos esfuerzos notables y valiosos de muchas mujeres y muchos hombres de la iglesia española en estos veinticinco años! No cabe la menor duda de que se trata de una historia llena de aciertos.

Eso, no obstante, yo vengo acusando desde hace bastante tiempo, en la concepción y en la práctica de la catequesis de nuestra iglesia, graves lagunas. Y tuve ocasión de expresar esta preocupación y crítica, algunas veces, en publicaciones cercanas a la Conferencia Episcopal. Del mismo modo que lo hago, cada curso, e/7 ese foro entrañable de las clases de Teología de la Palabra1.

Lo haré de nuevo aquí, con la esperanza de que se abran paso y entiendan mejor ideas operativas de tanta importancia como son las que se refieren a la pedagogía de la encarnación (encuentro y profundidad de la realidad humana, hasta la experiencia de la necesidad de salvación, expresión y símbolo, narración y juego, como lugares privilegiados de la encarnación del Verbo en la infancia)…

A lo largo del quehacer cotidiano de este itinerario catecumenal esperamos que tal planteamiento se vaya haciendo claro y luminoso para los catequistas. Quizá baste gozar del carisma de servidor de la catequesis para entender estas cosas bien.

Lo que sí es necesario, desde luego, es alcanzar un cierto sentido de la pedagogía de la Revelación, que, aun siendo don divino, cuenta evidentemente con la fe honda, con el sentido estético y la mejor sensibilidad educadora. Todo lo cual puede pedirse a Dios con humildad, y es también, sin duda, objeto de esfuerzo y de trabajo.

Durante toda mi vida Dios me ha hecho la gracia de vivir siempre al lado de niños, dejándome moldear por ellos en el pensamiento y en el corazón. He tenido también que aprender el difícil e inefable oficio de ser padre. A esa infancia, a mis hijos, y a quienes me han mostrado con su sensibilidad el camino de la educación creyente, entrego agradecido esta obra.

Antoni Aparisi Laporta

Tiempo 1.  Iniciación catecumenal

Tiempo 2. primer encuentro con el Misterio de Jesús

Tiempo 3. Acercamiento a la dimensión social y dramática del evangelio de Jesús.

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