“Gastar energías en convocar”

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¿Cuáles son los desafíos de los niños y/o jóvenes en la iglesia actual?

Me parece que no terminamos de creer y confiar en ellos y en su cordura y profundidad. Creo que no hay una gran crisis vocacional entre los jóvenes, sino que las vocaciones están ahí esperando que alguien las despierte en cada joven. Espero que la iglesia se re-ilusione con la pastoral juvenil, porque la crisis no está tanto en los jóvenes cuanto en los pastores de esos jóvenes. Necesitamos encender nuestros carismas y hacerlos brillar, y estar con ellos y ellas, con autenticidad. El joven busca el encuentro con personas de carne y hueso, que con el pecho descubierto encarnen todo eso que de otra manera se convierte en palabrería, y como dicen ellos mismos, postureo. Estar ahí, con ellos, conscientes de que somos la única biblia que muchos van a leer, testigos de una felicidad que nadie nos puede robar.

Para estas latitudes secularizantes y hasta beligerantes con lo explícitamente religioso, me parece urgente señalar el Reino y preguntar si no es ese Reino señalado mejor que lo que tienen. Jesús criticó mucho a los que señalaban a las personas con dedos acusadores, pero señaló con admiración los frutos del amor allá donde los veía, aunque fuera aún en germen. Y luego, tras señalar a la viuda que comparte, o a María que contempla, o a Magdalena que ama como solo una perdonada lo puede hacer, siempre preguntaba, hacía pensar, descolocaba, movía a la persona de sus seguridades y le ofrecía una propuesta mejor.

Para esto no hacen falta discursos teológicos ininteligibles, pero sí mucha teología bien vivida, porque habrá que terminar diciendo que lo de Dios va por ahí, y no por donde muchos critican.  Y también hará falta poner el joven en movimiento, llevarlo a donde el Reino está floreciendo con más fuerza: creo que encontrarán más viudas, magdalenas y marías en contextos de pobreza que de bienestar. Con ellos y sobre todo con ellas, aprenderán a rezar, incluso rosarios si hace falta. Sin ellos y ellas, es más difícil. Voluntariados y lenguajes sencillos que pongan nombre a las señales del Reino. También momentos para hacerse las preguntas valientes que vienen detrás de esos movimientos y encuentros: y ahí puedes poner la oración, meditación, adoración, celebración, retiro, desierto… pero siempre para perforar la realidad tocada.

El reto es gastar energías en convocar. Recordemos que Jesús no invitaba (un cartel en la puerta, una buena página web, un toque de campana…) sino que llamaba, personalizada y nominalmente, con urgencia de Reino, con discreción de amigo, con conocimiento y respeto del tesoro encontrado en el otro, con paño de lágrimas, con una invitación a la vida compartida y celebrada en círculos de 50 donde sobraban los panes y los peces.

Un saludo entrañable a todos los jóvenes del Movimiento Calasanz, y a los más peques también. Pero sobre todo a los animadores, monitores, responsables. Su generosidad es el gran testimonio que los niños reciben en cada actividad, y os parecéis mucho así al Jesús que queréis dar a conocer. ¡Que os vaya muy bien vuestro caminar de entrega entre los más pequeños!

P. Juan Carlos de la Riva, Sch. P. , Equipo Técnico de Movimiento Calasanz.

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